Llorar en televisión porque nadie querer servir copas ni fregar platos, simios y simias, mientras se ofrecen turnos partidos de doce horas por cuatro cacahuetes mal contados. En mayo de 2024 volvió a repetirse la queja patronal clásica antes del verano. Monancio rascarse la cabeza: no faltar ganas de currar en la selva, faltar condiciones dignas y billetes sobre la mesa.
🥜 El debate recurrente sobre la supuesta falta de mano de obra en el sector hostelero español suele desenfocar el problema estructural de fondo. No existe un rechazo al trabajo en sí, sino una negativa comprensible a aceptar jornadas interminables que no se declaran en nómina, turnos partidos que anulan la vida personal, horas extraordinarias impagadas y salarios que no cubren el coste del alojamiento en zonas turísticas tensionadas.
Cuando las empresas se niegan a competir mejorando sueldos, descansos y conciliación, el mercado responde con la fuga de profesionales hacia otros sectores con mayor estabilidad y respeto por los convenios. La rentabilidad de un modelo turístico y gastronómico líder a nivel internacional no puede seguir sustentándose sobre la precariedad de quienes están al otro lado de la barra.
¿Creéis que la falta de personal en hostelería se resolvería pagando salarios acordes a las horas reales o el problema va más allá del dinero?
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