Meter cámara en cara de ancianos vulnerables en la calle para conseguir aplausos virtuales y ganar cacahuetes 🥜 fáciles, simios y simias. Monancio sentir vergüenza ajena. Vender falsa caridad en vídeo para inflar la cuenta de seguidores no ser solidaridad; ser puro oportunismo comercial a costa de la debilidad ajena.
La proliferación de creadores de contenido que utilizan a personas de edad avanzada, en situación de desamparo o con dificultades cognitivas para producir vídeos virales ha encendido un debate ético y legal indispensable. Bajo el paraguas de supuestas buenas acciones o formatos cómicos, se explota la imagen de colectivos especialmente protegidos sin un consentimiento verdaderamente informado y con el objetivo evidente de monetizar interacciones en plataformas digitales.
Este tipo de conductas evidencia la necesidad de un marco regulatorio más estricto y de una mayor concienciación por parte de la audiencia y de los anunciantes. Monetizar la falta de autonomía personal vulnera el derecho al honor y a la propia imagen, y tanto las marcas como los usuarios tienen la responsabilidad de no financiar ni amplificar publicaciones que instrumentalizan la fragilidad ajena para lucrarse.
¿Deberían las plataformas sancionar económicamente o suspender las cuentas que utilizan a colectivos vulnerables como reclamo de visitas?
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