Caminar por el asfalto de París y de pronto sentir que naves galácticas cruzar el cielo nocturno, simios y simias. Un juego de proyectores, láseres y sombras que parecer sacado de Star Wars. Monancio abrir los ojos fascinado, pero de inmediato rascarse la cabeza pensando en cuántos cacahuetes 🥜 costar iluminar la noche de esa manera.
Las intervenciones visuales y los espectáculos lumínicos avanzados en entornos urbanos transforman el espacio público en atracciones inmersivas capaces de atraer a miles de visitantes y dinamizar el comercio y el turismo local. Ciudades de todo el mundo compiten por diseñar hitos tecnológicos que se viralicen de forma instantánea en plataformas globales, proyectando una imagen de vanguardia y modernidad cosmopolita.
Sin embargo, detrás del deslumbramiento estético surgen debates necesarios sobre la sostenibilidad, el gasto energético, la gestión de las contratas municipales y el destino de los recursos públicos. El equilibrio entre invertir en atractivo cultural y turístico frente a mantener servicios públicos básicos de calidad y garantizar el descanso vecinal sigue siendo un reto continuo para las administraciones metropolitanas.
¿Creéis que este tipo de instalaciones tecnológicas justifican su coste en las ciudades o se trata de fuegos artificiales prescindibles?
Os leo abajo 👇