Construir una ciudad flotante descomunal para miles de turistas y meterla en el océano, simios y simias. En enero de 2024 llegó a Miami el mayor barco de recreo del planeta. Monancio abrir los ojos ante el lujo desmedido: piscinas, toboganes y bufés gigantes, pero rascarse la cabeza al pensar en el humo que escupir al cielo y en cuántos cacahuetes costar ese parque de atracciones marino.
🥜 La llegada a puerto de este gigantesco navío reactivó en 2024 el dilema global sobre el modelo turístico de masas. Por un lado, la industria de los cruceros genera miles de puestos de trabajo directos e indirectos en puertos, logística, suministros y hostelería local; por el otro, organizaciones ecologistas alertaron sobre la colosal huella de carbono, el consumo energético desmedido y la emisión de gases contaminantes en ecosistemas marinos frágiles.
Para las economías urbanas y los ciudadanos, la balanza resulta compleja: el turismo intensivo inyecta liquidez rápida en ciertos sectores, pero traslada costes invisibles en degradación ambiental, saturación del espacio público y precarización de las condiciones laborales de las tripulaciones internacionales. ¿Creéis que este modelo de megacruceros sigue teniendo justificación económica o sus costes ambientales superan con creces los beneficios que deja en puerto?
Os leo abajo 👇